Después de 34 años del gran estallido social conocido como el Caracazo, las causas que lo originaron siguen más vigentes que nunca. El deterioro económico de la población y el fortalecimiento de la corrupción durante los últimos 4 gobiernos democráticos se ha profundizado en los 10 años de madurismo.

Los índices publicados recientemente, como los de Democracia y de la Percepción de la Corrupción, indican que la Venezuela de Nicolás Maduro está en el último lugar entre los países de la región americana.

En el primer informe mundial Atlas de la Impunidad, publicado hace 12 días por Eurasia Group y el Chicago Council on Global Affairs, el país vuelve a ocupar el último lugar del continente americano y el 11º peor puesto dentro de los 197 evaluados en 5 dimensiones claves: la violación de los derechos humanos, la falta de rendición de cuenta de los gobiernos (gobernanza), uso de la violencia en conflictos internos y externos (conflictividad y violencia), falta de equidad en la economía (economía) y la degradación medioambiental.

Estas dimensiones se basan, en gran medida, en el trabajo de otras investigaciones que han hecho lo mismo, como el índice del Estado de derecho y la libertad en el mundo, el Índice mundial de libertad de prensa y el Índice de libertad económica, entre otros. El atlas utiliza 67 fuentes de datos independientes, creíbles y comparables para elaborar la puntuación de cada país.

David Miliband, exministro laborista de Asuntos Exteriores del Reino Unido (2007-2010), y un grupo de distinguidos académicos y destacados políticos vienen discutiendo que, aunque la lucha por la democracia es real, dividir el mundo en democracias y autocracias no refleja aspectos claves del equilibrio de poder mundial.

Proponen la impunidad, el ejercicio del poder sin rendición de cuentas cometiendo crímenes sin castigo, como una mejor categoría porque muchos países que no son democracias salieron bastante bien evaluados en este índice, al ejercer el poder con responsabilidad y ofrecer un gobierno razonablemente eficaz y justo a sus ciudadanos.

En el continente americano, la Venezuela de Maduro, el Estado fallido de Haití y la Nicaragua de Ortega ocupan los tres peores lugares como los países donde existe más impunidad.

El informe establece que en Venezuela la impunidad es muy común. La alta puntuación general de 3,61 se debe en “gran parte al gobierno autoritario de Maduro, que ha intensificado la represión incluso mientras adopta un enfoque más pragmático de la economía. Venezuela se encuentra entre los cinco países con peores resultados en la dimensión de gobernanza sin rendición de cuentas -por detrás de Corea del Norte y por delante de Myanmar-, algo que es poco probable que cambie en un futuro próximo”.

Agrega que es poco probable que Superbigote acepte unas elecciones presidenciales competitivas en 2024, dados los altos costes personales asociados a la pérdida del poder. Entre ellos se incluye la perspectiva de un enjuiciamiento internacional en respuesta [a los supuestos crímenes de lesa humanidad cometidos por Maduro y sus secuaces].

En este estudio, Venezuela vuelve a liderar lo peor, es decir, es el país más impune del continente americano.

Al comparar el desempeño en cada eje de los tres países más impunes de la región, Venezuela, Haití y Nicaragua, encontramos que el gobernado por Maduro tiene el peor desempeño en gobernanza, derechos humanos, economía y conflictividad. Solo es superada por Haití y Nicaragua en impacto ambiente. Un eje que habrá que revisar en futuras ediciones por la destrucción del Amazonas.

En conclusión, según los resultados del atlas y los índices, Maduro tiene una lucha contra el tiempo para continuar ejerciendo el poder. Porque todo indica que su desempeño lo viene colocando en el último lugar del continente. Una y otra vez.

En consecuencia, si los factores democráticos se alinean y deciden que “el consenso es la primaria” tendrán otra oportunidad para salir de la dictadura. Lo contrario servirá para que el exmetrobusero -marginal según el chavista Rafael Ramírez- siga ganando tiempo para evitar su derrota. Lo intentó con los actos de celebración del Caracazo hace dos días. Buscó construir la narrativa de que el Estado democrático del momento reprimió con fuerza a la población civil. Trata de evitar la apertura del juicio por supuestos crímenes de lesa humanidad en la CPI. Pero, si a sus números me remito, lo tiene cuesta arriba.



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